El terror de las tijeras

27.3.18



¿A partir de qué edad le dimos tanta importancia el corte y arreglo de nuestro propio cabello?

Yo, a los 27 podría decir. Nunca tuve miedo a las tijeras a la hora de ir a la peluquería porque era simplemente pelo que volvería a crecer tarde o temprano. Cuando éramos pequeños todavía le dábamos menos importancia, y creo que la juventud de los años 80 con esas melenas exageradas en forma de champiñón todavía menos. Por tanto, podríamos decir que ahora somos más críticos con la imagen que hace unas décadas atrás; ¿y eso es algo positivo?

Mi experiencia fue haber salido de un centro de belleza viéndome nada bella. Nunca noté esa sensación, pero fue como si me hubieran desgarrado parte de mí y lloré de lo incómoda que me sentía conmigo misma al verme en el espejo. He tenido cortes de pelo que no me han convencido muchas veces, pero aquél fue algo que no esperé. ¿Qué ha cambiado? Creo que la respuesta está en la tendencia de los últimos años.

La imagen perfecta es el pan de cada día, y más si eres mujer. Las constantes fotografías perfectas, la edición de imágenes y el mundo de las tallas pequeñas es algo que no puede huir nadie. Nos hemos convertido en personas superficiales, y unos más que otros. Yo no me considero superficial, pero sí que me sorprendí ante la reacción que tuve con aquel corte de cabello. Cambié. La sociedad me cambió.

Cada vez nos encontramos más con la importancia de la imagen de nuestra propia vida, el juzgar por las apariencias es algo inevitable que se te ocurre al menos un instante en la cabeza, aunque sea un: "madre mía, vaya abrigo". En cambio, vemos con mejores ojos cuando aquella persona estila con algo (aunque sea igual de estrombótico que aquel abrigo) si luego farda por sus redes sociales y pone algún hashtag de subida de autoestima como: #yolovalgo #meimporta3pimientos #megusta #esmiestilo

¿Qué lleva todo esto? Que la gente se autodefiende a través de ciertas redes sociales y finalmente acaban publicando cada prenda de vestir, zapatos, comidas, lujos, vacaciones,... Yo le llamo: Vida Instagram. Una vida de la cual ya tu objetivo diario es: ¿qué publico hoy que sea cool? Salida de amigos [foto], cenas [foto], paseo [foto], reloj caro [foto], zapatos nuevos [foto], etc.  Y así un sinfin de más objetos y momentos. ¿De verdad esa persona disfruta de su vida diaria? ¿O es fardar?

En un principio, estas redes sociales de poder publicar fotografías se hacía cómodo porque sustituyeron a muchas tarjetas SD de las cámaras fotográficas y liberaban espacio a los móviles porque se quedaban colgadas en la red de internet. ¿Cuántas personas luego revelan esas fotografías? ¿Un 1%?  Si te dieran una cámara fotográfica ¿lo utilizarías para hacer fotografías de tus zapatos que llevas hoy o de lo que has desayunado? Creo que la respuesta es un no. Seguramente te centrarías en hacer fotografías del paisaje, monumentos, fotos grupales de amigos y familiares,...

Las redes sociales, si se dan un buen uso, pueden ser fantásticas y conseguir información en el momento y estar al tanto de la actualidad. Pero está la cara B, aquella en que todos tenemos que tener una imagen aceptable, porque de no seguirla, puede acarrearte lluvia de críticas. Y sabemos perfectamente a qué caminos te llevan las críticas.

Así que sé precavido, y ten algo de miedo a las tijeras a la hora de cortar cosas; porque una vez cortado no hay marcha atrás y el tiempo dictará tu vida. Y nótese la metáfora.

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