HIENAS

7.4.18

Son esas bestias desagradables,  despiadadas y carroñeras, distanciadas de los otros animales emocionalmente, solo se relacionan entre ellas porque “dios las cría y ellas se juntan “.

Pero  no  hablo de animales; sino de aquellas personas cuyo interés por tu persona solo reside en cuanto huelen a drama a kilómetros, (ven un estado de Facebook, rumores, dimes y diretes… etc.)
Se encuentran cerca de todas las manadas, habidas de su carroña y miseria personal para poder destripar y despedazar a la persona para soltar sus risas bobaliconas.

Faltas de empatía y tacto hacia sus víctimas, siempre esperando por mas…
Jamás esperes una amistad sana o sincera con esta clase de personas ya que no están para lo bueno y para lo malo, solo están ansiosas para tener algo con lo que poder juzgarte, castigarte o simplemente meterse contigo porque no quieren reírse contigo… Las hienas siempre se ríen entre ellas. Y contra más grande sea el espectáculo grotesco que monten y la pena ajena que hagan sentir a su “víctima” mucho mejor.

Si me permitís un consejo, la selva es muy grande y hay animales maravillosos con los que pasar el tiempo, alejaos de los depredadores y carroñeros!

El punto de la pérdida de los modales

4.4.18


Cada vez que pasan los años nos quejamos de la educación, pero no en referencia a los estudios sino al de los modales.

Es bien sabido que la mayoría de quejas provienen casi siempre de las personas más ancianas o de edad adulta avanzada, pero cada vez más me encuentro en personas jóvenes de alrededor de los 30 años. Y la culpa no la tienen los jóvenes, sino de los propios padres que no supieron encaminar a sus propios hijos cuando les tocaba. Esa generación de padres, la mayoría, son los que nacieron en los años 70 u 80. ¿Qué ha ocurrido? ¿Fue la transición política que engañó a ver un mundo mejor y que por ello dejaron "rienda suelta a la manada"?

Las quejas siempre estarán en la vida humana, y habrá discordia siempre, pero cuando la queja se extiende más de lo debido es cuando existe un problema real. Los gestos de ciertos adolescentes, o no tan adolescentes ya, dejan muchísimo que desear. Se ha perdido el civismo, porque claros ejemplos hay cuando madrugas un domingo y ves cómo están las calles de tu propia ciudad o te encuentras que el ceder el asiento en un transporte público es como si visualizaras un milagro de Dios.

No todo se envuelve a la gente joven que no sabe comportarse, sino que también los propios padres. ¿Cuántas veces habréis visto padres que actúan pésimamente delante de sus hijos? Ejemplos: dar más recompensas al hijo menor delante del primogénito porque "es el pequeño" o escenas de saber que la madre no se lleva bien con la suegra y hacer que los hijos actúen a favor de la madre tratando vulgarmente a la abuela.

El entrar en un lugar y decir "Buenos días" y que rebote en una pared, llega a ser triste. No hay devoto, no se actúa actualmente por la bondad y la amabilidad. ¿Nos hemos cerrado? ¿o es que nos hemos vuelto más egoístas? ¿Cuál es el núcleo de tal situación? ¿La poca estima a la religión cristiana actual tiene algo que ver?

Creo que el hecho que nos encontremos así, no es simplemente de una sola razón sino de varios factores como: pensar que la opinión de los ancianos está desfasada, ser llevados por ideologías que no benefician a la educación del saber estar, poco control de la era informática e internet, falta de comunicación real con los hijos, poca empatía y errores del momento "castigo".

Cuando se trata de ser padres o madres, no es una tarea fácil. No solamente se centra en el cuidado del pequeño o de la pequeña, del pago de manutención y de hacer regalos; sino que lo que acarrea más peso es la contundencia a la hora de enseñar modales. No puede ser que se vayan cometiendo los mismos errores generación tras generación. El castigo no puede andarse en los extremos: ni demasiado blando ni demasiado duro.

Las críticas de cómo vamos a educar nuestros propios hijos siempre las habrá, incluso de los más allegados. Y pobre a la persona que se entrometa en la educación de un niño o una niña que no sea su hijo o hija (y que sea un ahijado/a, sobrino/a o nieto/a) porque muchos padres y madres actúan como leonas defendiendo a sus cachorros. Solamente el tiempo mostrará el resultado de esa educación.


 
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